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Made in LASpread the Word
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Notas de la Directora

A veces, cuando empezamos un proyecto, no podemos imaginarnos el camino que nos espera.

Cuando comencé esta película, hace ya más de cinco años, mi objetivo era tan sólo realizar un pequeño cortometraje documental que retratara las condiciones de las inmigrantes latinas en las fábricas de la ciudad de Los Ángeles. Pero en los años que tardamos en finalizar la película ésta se convirtió poco a poco, de manera inesperada, en un retrato mucho más íntimo y más profundo de una experiencia cada vez más universal en la sociedad globalizada de hoy en día: la lucha de muchos inmigrantes recientes para comenzar una nueva vida, para aprender sus derechos y proclamar su voz en nuestras sociedades.

El proyecto comenzó cuando leí un artículo sobre los talleres de explotación (sweasthops) en Los Ángeles. Narraba las condiciones deplorables a las que están sometidos los inmigrantes en muchas de estas fábricas en pleno centro de la ciudad: largas jornadas laborales, salarios muy por debajo del mínimo legal, ratas, cucarachas. Había oído hablar de condiciones muy similares en otras partes del mundo, pero me produjo estupor que esto estuviera ocurriendo en uno de los países más ricos de la Tierra. Había terminado un cortometraje documental, y me propuse hacer una película que expusiera estos abusos y que iba a llevarme 5 meses de trabajo. O eso pensaba yo.


Contacté con el Centro de Trabajadores de la Costura, que acababa de abrir, y empecé a pasar tiempo allí, a veces grabando, a veces simplemente hablando con los trabajadores. Estaban a punto de lanzar una campaña contra una tienda de ropa: un boicot y una demanda legal que intentaba hacer a la tienda –que vende ropa de moda a precios mínimos- responsable por las condiciones laborales en la fábricas subcontratadas donde se cose su ropa.

La energía en el centro estaba cargada en esos días y yo grababa con mi cámara todo lo que podía. A medida empecé a conocer a las trabajadoras, me impresionó su necesidad de contar su historia. Historias de cómo vinieron a este país, o por qué estaban trabajando en la costura, historias sobre sus esperanzas y miedos para su futuro y el futuro de sus hijos. Les sorprendía y la vez enorgullecía que alguien quisiera escuchar.

Un intimidad muy profunda y poco frecuente se fue forjando en esos días, y tuve la posibilidad de capturarla en cámara. El poder hablar en español, mi lengua natal, ser mujer, y trabajar prácticamente sola fue poco a poco inspirando confianza y me permitió penetrar en sus vidas. Para poder retratar todo esto, grabé la película con un estilo directo e intimista, haciendo mi presencia casi invisible. También quería capturar la belleza lírica y los pequeños detalles de este Los Ángeles multicultural, colorido y diverso que poca gente conoce.

Los cinco meses que planeé para el proyecto pasaron rápidamente y sentí que en realidad sólo estaba comenzando. A medida creció el proyecto, busqué colaboradores y conocí a mi compañero de producción, Robert Bahar. A través de nuestra estrecha colaboración, empezamos a repensar y reestructurar el proyecto para poder convertirlo de un pequeño documental sobre estos talleres de explotación, en un documental largometraje sobre la vida de tres mujeres asombrosas que me encontré en el Centro : María Pineda, Maura Colorado y Lupe Hernández. Filmé en sus casas, en las ruidosas protestas semanales con sus hijos, en las juntas en el Centro de Trabajadores de Costura… prácticamente en todos los lados. Tenía tal dedicación que Lupe solía bromear conmigo: “Camarita, algún día me vas a dejar tranquila!”

Temprano en la filmación, el Centro de Trabajadores de Costura lanzo un “tour” nacional para atraer la atención sobre el boicot y la demanda legal. Seguí a Lupe en su viaje a Nueva York, y fue la primera vez que ambas experimentamos La gran Manzana. Allí, Lupe visitó el Museo de Lower East Side, que está establecido sobre las casas-fábricas donde vivían y trabajaban los inmigrantes costureros a principios de siglo, y el Museo de Inmigración de Ellis Island, isla por donde pasaron y se “regularizaron” millones de inmigrantes durante toda la fundación de EEUU. Esas dos visitas están capturadas en la película y fueron increíblemente emocionantes para Lupe y para mi. Lupe vio las fotos de los inmigrantes europeos que venían a Nueva York a principios del siglo XX. Vio cómo vivían, lo duro que trabajaban, y cómo lucharon para hacer valer sus derechos. “¡Es como hoy!”, fue su reacción, emocionada y triste a la vez. Entendimos, de repente, que la experiencia de los inmigrantes latinos en EEUU hoy en día, se parece, en gran medida, a la experiencia de generaciones de inmigrantes que vinieron a este país antes que ellos, de muchos lugares diferentes y en muchas épocas distintas. La misma lucha, las mismas esperanzas y sueños de un futuro mejor, para ellos y para sus hijos.

Espero que Made in L.A pueda proporcionar un ventana profundamente humana para ver y entender esta lucha del inmigrante, repetida alrededor del mundo sin importar el país de origen o el país de destino. ¿No dejarías a tus hijos, a pesar del peligro, a pesar del dolor, para poder mandarles el dinero suficiente para alimentarlos, con la esperanza de darles una vida mejor? ¿No trabajarías día y noche, a pesar del cansancio físico y emocional, si tuvieras cuatro hijos que mantener y no tuvieras otra opción? ¿Y no superarías tu miedo y te levantarías un día para reclamar tus derechos en el trabajo si se te humillara constantemente, no se te pagara, e incluso se te escupiera? ¿Que harías –o no harías- para poder sobrevivir?

Pero lo que no anticipábamos es que su campaña iba a llevar tres largos años, y que la historia iba a tener más implicaciones. La lucha hace cambiar a la gente y, a medida se alargaba la campaña, fue impresionante observar, con la cámara, como cada mujer desarrollaba su sentido de autoestima y valía, y empezaba a entender y afirmar su dignidad personal. Fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de que ésta era la historia real, y que su lucha contra Forever 21 no tenía valor solo en sí misma, sino porque estaba sirviendo de catalizador para que cada una de ellas experimentara su propio camino hacia esa afirmación personal. María, decidiendo tomar control de su vida y abandonando a su marido abusador. Maura, aprendiendo a asumir su miedo y luchando por reunirse con sus hijos. Lupe, que creció sintiéndose fea e insignificante, convirtiéndose en organizadora y un día reflexionando sobre su trayectoria personal desde lo alto del Pico Victoria, mirando la ciudad de Hong Kong extendiéndose ante sus ojos… Made in L.A es una historia sobre la decisión de levantarse y decir: “Existo, y tengo derechos”.

Me produce orgullo y me honra haber podido capturar esta evolución en Made in L.A. Como María, Maura y Lupe, al final del camino todas conseguimos algo que nunca hubieramos podido imaginar.

– Directora/Productora/Fotógrafa Almudena Carracedo
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